jueves, 26 de febrero de 2015

"Luchar contra el deseo en plena madrugada."

Me abre la puerta de la habitación y se aparta para que yo pueda pasar. Le miro mientras entro. Es la habitación del último piso del hotel. Nada mas entrar dejo las llaves y el móvil en una mesita que está justo a la izquierda. Es una habitación amplia, con una cama en medio de la sala con sábanas blancas. La habitación tiene tonos grises, azules y blancos y al fondo hay un balcón desde que se puede ver el mar. Es de noche y solo se ven sutiles reflejos de luz que entran de fuera. Mientras oigo cómo él cierra la puerta y también deja las llaves en la misma mesita. Se acerca a mi por detrás, "Tenemos un tema pendiente" me susurra mientras me aparta el pelo y me empieza a besar el cuello. Cierro los ojos. Suavemente me quita la chaqueta que llevo, deslizándola por mis hombros. Le miro de reojo. Cogiéndome de la cintura, me gira colocándome de frente a él. Puedo ver brillar sus ojos mediante uno de esos reflejos sutiles que entran por la ventana. Se le marca la mandíbula y no puedo resistirlo más. Me lanzo sobre sus labios. Besándole con ganas y fuerza. Le cojo del cuello, agarrándole del pelo. Me muerde el labio mientras me coge la camiseta de tirantes con la intención de quitármela. Me la quita por encima de la cabeza, dejándome en sujetador y despeinada, y esos segundos en los que no nos estábamos besándonos han sido insufribles. Nos volvemos a besar con más fuerza. Le desabrocho la camisa blanca que lleva remangada. Es jodidamente perfecto. Se notan todas esas horas invertidas en el gimnasio. No puedo dejar de mirarlo, ni de tocarlo. Con una actitud chulesca y con todas las ganas que los dos llevábamos, me cogió por las piernas, dejándome a horcajadas encima de él, sin dejar de besarnos y pegando su cuerpo contra el mio. Me apoyó en una de las blancas paredes de la habitación. Esta era una de las pocas veces en las que yo era más alta que él y me encantaba. Ver como tenía que hacer el esfuerzo de besarme porque quería hacerlo. Sonreí. No pude evitarlo. Me encantaba el momento, me encantaba él. 

Me puso en la cama boca arriba, sin dejar mirarme. Creo que ninguno de los dos se imaginaba que esto podría llegar a pasar después de tantos años. Después de tantas veces quedándonos con las ganas. Quería que fuese suya, y yo quería que el fuera mío. 

"ECHAR DE MÁS"

- ¿Podría decirle que baje?
- Sí claro, ahora mismo baja.

Me apoyé en uno de los coches que estaban aparcados en la calle. Su calle. Había hecho un viaje demasiado largo solo por verle a él. Nunca había estado en esta ciudad, no conocía nada ni a nadie. Estaba demasiado nerviosa, más incluso de lo que me imaginaba en un primer momento. Las manos me temblaban. De pronto, se abrió la puerta y salió él, sin saber qué buscar o hacia donde mirar. 

- No puede ser.

Le sonreí cuando me vio. 

- Pero... ¿qué haces tú aquí?

Sonrió él mientras se acercaba hacia mi.

- He venido a verte.

Sin esperarlo me abrazó, fuerte. Me costaba asimilarlo, había pasado tanto tiempo. Demasiado tiempo sin verle, sin tocarle. Le abracé más fuerte aún. Poniéndome de puntillas, me acurruqué en su cuello y cerré los ojos. Seguía utilizando la misma colonia que me volvía loca. Le rodeé el cuello con mis brazos, intentando retenerlo, intentando recuperar todo ese tiempo en el que habíamos estado tan lejos el uno del otro. No pude evitar sonreír mientras era mío.

Noté como su fuerza disminuía e intentaba separarse de mí. Dejé que lo hiciera. Y mientras nuestro abrazo se rompía, me miró a los ojos aun cogiéndome por los brazos. 

- No te esperaba.

Se le notaba a gusto, contento diría yo. No sabía cual iba a ser su reacción, siempre es todo tan raro cuando se trata de él y nuestra historia ha sido tan extraña, nada constante y con muchos altibajos, que no sabía qué iba a pasar cuando yo tocara a su puerta.

Con un movimiento firme y valiente, y sin dejar de mirarme con esos ojos verdes, me cogió del cuello suavemente y me besó. Esos besos inconfundibles, esos besos que solo él sabe dar. Que saben diferentes. No quería que ese momento acabara nunca. "Te he echado de menos", susurró él mientras me besaba. Entre beso y beso, entre mordisco y mordisco, yo me derretía aún más. Estábamos en medio de la calle, pero me daba igual, no importaba el resto del mundo porque estaba con él. Era él. Jugaba con mi labio inferior, mientras me acercaba más a él cogiéndome de la cintura. Le había echado tanto de menos, no solo a él, si no a todos esos momentos. "Echarte de menos no entraba en mis planes, pero ahora quiero echarte de más".

martes, 24 de febrero de 2015

X

Ya no recuerdo tu nombre. El tiempo y la distancia han sido los culpables de que esto pase. Es increíble, tú, el causante de mis risas tontas, el que provocaba que comenzara a temblar cuando solo me mirabas y el culpable de que no me salieran las palabras cuando te acercabas. 

Será verdad cuando dicen que el tiempo lo cura todo. Me curaste de ti. 

domingo, 22 de febrero de 2015

[...]

Quiero follarte lento mirándote a la cara. Leer tu cuerpo en braille con las luces apagadas.

lunes, 16 de febrero de 2015

Me curaste de ti. (?)

Piensas como una decisión que tomas en un momento determinado, puede realmente ser la decisión correcta. Pero ves que te equivocas. Aunque creas que fue una decisión valiente, correcta y atrevida, no ha funcionado. Porque no es una acción que tengas que hacer en un solo momento y ya esta, a pesar de la decisión que hayas tomado es la valentía de no volver atrás la que tiene que ser constante.

Es como cuando un fumador decide dejar de fumar. No solo basta con apagar el cigarro.