Maldita cerveza no volveré a beber nunca más. Prefiero irme antes de ponerme peor, y más siendo las horas que son.
- Yo te llevo.
Ni siquiera me había dado cuenta de que él estaba aquí. ¿De dónde ha salido?
- Pero si tú vas peor que yo. Tiene menos peligro que conduzca yo.
- Sabes que no te voy a dejar mi coche. Venga, sube.
No me acuerdo de este trayecto, solo escenas sueltas. Era un coche grande, más grande que el mío al menos, tiene ya sus años, pero me gusta el coche. Nos reímos, nos miramos. Es curioso, pensaba que nunca le había caído bien. Más risas, más historias. Me encanta.
¿Qué es este sitio? Parece una terraza privada, pero privada ¿de quién? Juntos nos acercamos a la mesa que está justo en el centro de aquel miniparaiso. ¿Eso es vino? Seguimos bebiendo, total, la ocasión lo merece. Era la primera vez que él estaba ahí. Conmigo. No se como hemos desembocado en esto, nunca hemos salido juntos de fiesta, ni siquiera eramos amigos. Pero era increíble. Todo lo era, incluido él. Por fin había llegado el momento que tanto había deseado, estar con él, solo con él. Me mira, sonríe, cuenta alguna anécdota más, una de esas que tanto me gusta escuchar, es perfecto. De pronto se levanta, empezó a bailar abarcando todo el espacio que esa terraza proporcionaba, era tan payaso. Yo mientras lo miraba, sentada en la silla bebiendo en esa copa de vino tinto y riendo entre tragos. Y entre paso de baile y paso de baile, se acercó a mi por la espalda. Mierda, ya estaba temblando otra vez. Cada vez se escuchaba mi respiración más fuerte. Me empezó a acariciar los hombros y el cuello. Muy despacio. Cierro los ojos. Acto seguido asoma su cabeza por encima de mi, me mira mientras sonríe y me dice:
- ¿Sabes que te podría dar un beso ahora mismo?
Con una actitud valiente y un tanto creída, me besó. Se lanzó sin titubear, juntando sus labios con los míos. No pensé que pasaría esto jamás.
- No. -Me aparté- Quita.
Sabía que él no quería besarme, era un efecto del alcohol, de la situación. No lo hacía por él. Me aparté de él, dejé la copa de vino en la mesa y me levante avanzando unos pasos para dejarlo atrás. Pero no me da tiempo, él también ha sido rápido. Me cogió del brazo y me giró, colocándome muy cerca de él, de su respiración, de sus labios.
- ¿Por qué no?
- Porque en el fondo tú no quieres hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario